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Si miramos nuestros corazones parece que sea el nivel de pobreza lo que marca nuestras vidas. Miles de sonrisas que al mirarlas resplandecen de felicidad y que al observarlas de cerca la pobreza les delata en cada poro de su piel.

Pantalones de diseño, gafas de marca, bolsos de cuero y moda resabiada, parece que estos son los valores que te hacen ser valorado. Desde nuestro interior cognitivo recibimos el morse con las instrucciones, permitiendo tener relaciones sociales con aquellos mas afortunados y dejando atrás otras valoraciones éticas. ¿Que porcentaje de personas hablan con otras gentes con poder frente a los que hablan con gentes con corazón? Vuelvo a mirar a los corazones pobres que aún siendo los más ricos son excluidos de nuestras vidas. Hagamos un ejercicio de introspección.

Hemos marcado nuestras metas en tener mejor trabajo, en ganar más dinero, no en vano el buen árbol al que arrimarse siempre ha sido un referente en los dichos populares, dentro de un fango de influencias o, por el contrario, hemos decidido conocer los corazones de la gente y no juzgarlos. Algunos pensarán que vivimos en el mundo al revés, el mundo de la apariencia.

Ese que te postra helado de frío en el sofá, tapado con la manta para ahorrar en calefacción pero te permite llevar las últimas tendencias. Donde el packaging se ha trasladado de los envoltorios de cualquier detergente a cada uno de nosotros. Porque en el fondo somos un producto más de la sociedad, y nuestras relaciones han pasado a un acto de venta. Entonces dejas de ser persona y te conviertes en uno más dentro de una rueda voraz. Según la imagen que trasmitas así te irá en la vida. Sin embargo a veces, hay que mirar que el timón de nuestras vidas lo deberían llevar otros valores como la humanidad, la bondad o la lealtad.

La honestidad y las buenas costumbres, palabras que resuenan cada día menos. Oiremos miles de artículos sobre las pasarelas, sobre los mercados, pero pocos sobre los actos de bondad desmedida… No sabría si es cuestión de número o de interés, si es que hay pocos actos honestos, o es que eso no vende. Y de repente un acto que debería ser habitual por su carácter humano, se convierte en noticia por ser extraordinario, lo que debería ser común va volando de post en post como un soplo de aire fresco : – aún hay gente buena- . Si toda la humanidad tuviera esos actos…. como sería nuestro mundo?

By Siabieralmirante.

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